A partir de la demostración atómica de los Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki, la humanidad conoció los efectos devastadores del uso militar de este tipo de energía. Desde aquella trágica experiencia bélica, el temor ante un posible desastre nuclear en el mundo, se generalizó. La posesión y la utilización de la energía nuclear fue una de las características de la disputa geopolítica durante la guerra fría. Estados Unidos y la Unión Soviético se lanzaron frenéticos a la proliferación, tanto de centrales nucleares, como de armas.
La carrera nuclear tenía un fin disuasorio, ya que hacía imposible que la Unión Soviética y los Estados Unidos se atacaran entre sí, debido a los riesgos que ello implicaba para el resto de la humanidad.
Claro, lo que nunca sospecharon ambos contendientes, es que esa tecnología y ese desarrollo, se volvería contra ellos. Eso fue lo que le ocurrió a la decadente Unión Soviética de la década de 1980.
En la noche del 26 de abril de 1986, durante una prueba de funcionamiento, la central nuclear de Chernobyl voló por los aires. Un error en los cálculos por parte de los técnicos y la desconexión temporal de parte del sistema de seguridad, provocaron el accidente a la 1:24 minutos de la madrugada.
En cuestión de milisegundos, la energía generada estalló e hizo volar por los aires al reactor 4 de la central. El núcleo radiactivo quedó al descubierto. En el cráter ocasionado por la explosión, comenzó a hervir a 2.500 grados centígrados una mezcla de metales y componentes radiactivos que se perdieron en la atmósfera en forma de una densa y alta nube tóxica.
Los servicios de emergencia recién pudieron controlar la situación el 13 de mayo, luego de haber arrojado al núcleo de la plata unas 5.000 toneladas de arena, arcilla, plomo, dolomita y boro.
El desastre nuclear tan temido, se había hecho realidad. 31 personas murieron al momento de la explosión, pero miles más han muerto debido a la contaminación radioactiva a la que fueron sometidos en los días siguientes. Si bien casi 400.000 personas fueron evacuadas, el desastre fue tan grande, que no pudieron evitar las miles de víctimas indirectas.
Como hace 25 años atrás, los temores sobre un posible desastre nuclear resurgieron luego del terremoto y tsunami de Japón. Otra central, en este caso la de Fukushima, nos recuerda la necesidad de actuar con responsabilidad y extremo cuidado a la hora de pensar en este tipo de energías.
