El origen de los partidos políticos del campo popular en la Argentina se vincula con momentos claves de nuestro pasado y, por lo general, vinculado a un proceso revolucionario que permitió su génesis. En el caso del centenario partido radical, ocurrió algo similar.
Para fines de la década de 1880, la Argentina se encontraba al borde de una profunda crisis económica, generada por la aplicación del nefasto modelo agroexportador impuesto a sangre y fuego por los liberales porteños que vencieron en la batalla de Pavón, allá por 1862.
En 1886, con la asunción del presidente Miguel Juárez Celman, la crisis financiera se acentuó, fogoneada por la corrupción creciente y la falta de capacidad administrativa del presidente.
Ante esta situación, comenzó a gestarse un movimiento de resistencia que, rápidamente, adoptó las formas de situación pre revolucionaria. Diversos sectores de la oposición comenzaron a actuar para combatir al gobierno de turno. Un hecho clave de este proceso de confluencia, fue la reunión del 1 de septiembre de 1889 en el Jardín Florida de Buenos Aires, en donde se creó la Unión Cívica de la Juventud. Allí, la juventud porteña se reunió para repudiar al presidente. Aquella jornada los jóvenes, además, proclamaron a los viejos líderes porteños comos sus referentes, pese a las contradicciones que sus trayectorias ocasionaban, ya que allí figuraban personajes como Bartolomé Mitre, el ideólogo del modelo agro exportador.
Como este espacio no satisfacía la voluntad de lucha de los sectores más radicalizados, el 13 de abril de 1890 se efectuó un acto en el Frontón Buenos Aires, en donde se constituyó un nuevo partido, la Unión Cívica, bajo la presidencia de Leandro Alem.
Desde su nacimiento, la Unión Cívica adoptó una postura de acción revolucionaria contra el gobierno y de abstencionismo electoral frente al fraude cotidiano con que se desarrollaban las elecciones en el país.
Esta postura revolucionaria se expresó claramente el 26 de julio de 1890, en la Revolución del Parque, que significó la movilización de cientos de jóvenes, los que tomaron las armas para derrumbar a un gobierno corrupto. La revolución, liderada por Alem, fue vencida, pero el movimiento popular por ella engendrado apenas estaba naciendo.
